LA EXTINCIÓN DE LA EMPATÍA

LA EXTINCIÓN DE LA EMPATÍA

¿Estaremos a tiempo de cambiar las cosas? 

Quiero abrir un paréntesis en los posts sobre ciencia para comentar algo que me preocupa sobremanera.

Como todos sabemos entrará en vigor una nueva Ley de Vivienda que tiene como objetivo paliar, en cierta forma, el drama de la vivienda en este país, al limitar los precios de los alquileres y favorecer la independencia de los más jóvenes. 

El hecho de que el Estado tenga que intervenir en esta cuestión al no ser los propios ciudadanos capaces de regular los alquileres por sí mismos, ya es, a mi juicio, un síntoma de que la sociedad prioriza la cartera frente al bienestar social.

Para más inri, cuál ha sido mi sorpresa al leer que ese tipo de ayudas lo único que lograrán es que suban aún más los alquileres. ¿¡Cómo es posible¡? ¿Acaso los alquileres tienen vida propia? 

Lo cierto es que los precios de los alquileres los fijan y los deciden los propietarios, es decir que si suben los precios de los alquileres es que dichos propietarios deciden cobrar más por sus viviendas. En resumen, mientras unos hacen un esfuerzo por solventar esta situación, otros ven en ello una oportunidad para cobrar más por sus activos. ¿Vivimos por tanto en una sociedad solidaria

Más bien diría que hemos pasado drásticamente de una sociedad del bienestar a una sociedad de la usura, en la cual la picaresca, compañera de viaje de más de uno, se ha puesto la corona y gobierna de forma altiva y avara el terreno del alquiler, priorizando el bolsillo frente a la persona.

Es decir que lo que se estila ahora es cobrar cada vez más por las viviendas, llegando a extremos de cobrar millonadas por pisos paupérrimos y minúsculos. Sin embargo, que unos cobren más por sus bienes a costa del bienestar de otros se me antoja poco empático. Por mi parte he podido ver esa actitud de primera mano, propietarios que antes cobraban 500 € por su apartamento, deciden, de repente, subir a 700 € por el simple hecho de que el de al lado lo ha hecho. Sin ir más allá, sin pensar en las consecuencias, centrándose únicamente en que se van a embolsar 200 € extra. Si todos hacemos lo mismo los alquileres suben y suben y suben y suben y la calidad de vida y el bienestar baja y baja y baja. 

Nos hemos planteado ¿a qué precio?, ¿qué conlleva subir un alquiler 200 € más al mes?, ¿qué le pasa a esa persona o a esa familia que tiene que asumir ese gasto extra? Muchas veces el precio a pagar por el inquilino, además del monetario, suele ser malestar, estrés, pobreza, desdicha… ¿Compensa ganar un poco más de dinero a costa de saber que estamos condenando al de al lado a pasar penurias? Sin duda estamos ante la extinción de la empatía

¿Qué pasaría si nos volviéramos más empáticos? ¿Si a la hora de fijar esa cuota de alquiler pensáramos un poco en la persona que nos tiene que pagar, en lugar de en el tamaño que puede alcanzar nuestra cartera? 

Sería demasiado pedir que, si unos hacen un esfuerzo dando ayudas para el alquiler, el propietario haga su parte, disminuyéndolo y ajustándolo, en aras de sumar fuerzas, en vez de restarlas. 

¿Estaremos a tiempo de cambiar las cosas? O ¿estamos abocados a vivir en una sociedad mezquina y poco solidaria?

Foto cedida por © Javier A. Bedrina – www.bedrina.com